Revictimizar: cuando el dolor se repite en nombre de la justicia:
- Adriana Gomez Peña
- 12 feb
- 3 Min. de lectura

Sufrir violencia ya es, en sí mismo, una fractura profunda. Rompe la confianza, altera la percepción de seguridad y deja huellas emocionales que muchas veces no se ven, pero que transforman la vida de quien las padece. Sin embargo, para muchas personas el sufrimiento no termina cuando cesa la agresión. Comienza otra forma de violencia más silenciosa, más sutil y, a veces, más devastadora: la revictimización.
La revictimización ocurre cuando la persona que ha sufrido violencia es sometida a nuevas formas de daño a través de:
Cuestionamientos sobre su credibilidad.
Juicios morales sobre su conducta.
Minimización del hecho.
Repetición innecesaria del relato traumático.
Falta de empatía en la atención.
Dilaciones injustificadas en procesos judiciales.
Exposición pública sin consentimiento.
Comentarios que responsabilizan implícitamente a la víctima.
No siempre se hace con intención de dañar. Pero el efecto es real.
La culpa desplazada: una herencia cultural
En muchas sociedades persiste una narrativa peligrosa: buscar en la víctima la causa de la violencia.
“¿Por qué no se fue antes?”
“Algo debió hacer.”
“Seguro exagera.”
“¿Y tú cómo estabas vestida?”
“Esos problemas de pareja son privados.”
Estas frases no solo invalidan el dolor; trasladan la responsabilidad del agresor hacia quien sufrió el daño. Esa inversión moral profundiza la herida.
La violencia nunca es responsabilidad de quien la padece.
Uno de los escenarios más delicados es el institucional. Cuando una persona denuncia, lo hace desde la vulnerabilidad. Necesita protección, escucha y orientación clara. Pero si en ese momento recibe:
-Trato frío o incrédulo.
-Interrogatorios repetitivos sin enfoque de trauma.
-Solicitudes de pruebas imposibles.
-Comentarios despectivos.
-Falta de medidas de protección oportunas.
El mensaje implícito es devastador: “Tu dolor no es suficiente.” La consecuencia no es solo individual. También afecta la confianza colectiva en la justicia.
Desde la psicología del trauma, sabemos que narrar una experiencia violenta puede reactivar emociones intensas: miedo, vergüenza, culpa, rabia, tristeza profunda. Cuando el relato se exige sin contención emocional, sin cuidado, o con tono incrédulo, el sistema nervioso vuelve a activarse como si el evento estuviera ocurriendo nuevamente. Y cuando la experiencia de ayuda se convierte en una nueva fuente de angustia, el proceso de recuperación se debilita.
Muchas personas deciden no denunciar o abandonar procesos porque:
Se sienten juzgadas.
Se cansan del desgaste emocional.
Perciben que nadie las cree.
Temen represalias sin protección efectiva.
La revictimización alimenta el silencio.
Y el silencio perpetúa la violencia.
Revictimizar no depende únicamente de la intención. Depende del impacto. Puede ocurrir en una institución, en una familia, en un entorno laboral o incluso en espacios terapéuticos si no hay cuidado profesional.
Por eso, el enfoque debe centrarse en:
-Escucha activa.
-Validación emocional.
-Evitar preguntas que culpen.
-Proteger la confidencialidad.
-Reducir la repetición innecesaria del relato.
-Informar con claridad sobre los procesos.
-Garantizar acompañamiento integral.
El respeto no es un detalle. Es parte de la reparación.
Como sociedad, debemos preguntarnos:
-¿Estamos acompañando o estamos cuestionando?
-¿Estamos protegiendo o estamos dudando?
-¿Estamos ayudando a sanar o estamos reabriendo heridas?
La violencia no termina con el acto agresivo. Termina cuando la persona puede sentirse segura, creída y dignamente acompañada.
Cada víctima que decide hablar está haciendo un acto de valentía. Lo mínimo que merece es un entorno que no la obligue a defender su dolor.
La justicia no solo se mide en condenas. También se mide en el trato. La reparación no solo es económica o jurídica. También es simbólica y emocional. No basta con condenar la violencia. Debemos asegurarnos de no reproducirla en nuestras palabras, en nuestros gestos o en nuestras instituciones. Porque cuando la víctima vuelve a sentirse sola, la violencia ha cambiado de forma… pero no ha desaparecido.
Por ZERA psicología y Psicosentir y Actuar.



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